Hablar de dignidad humana implica acompañar a una persona durante todas las etapas de su vida, incluso cuando una enfermedad ya no puede curarse y la muerte se aproxima. Sin embargo, México mantiene una deuda importante: el acceso insuficiente y desigual a los cuidados paliativos. Mientras el debate sobre el final de la vida puede centrarse en adelantar la muerte como respuesta al sufrimiento, miles de personas continúan enfrentando enfermedades avanzadas sin recibir los cuidados necesarios para vivir sus últimos momentos con dignidad.
Los cuidados paliativos no se limitan a los últimos días de vida. Nayeli Salazar Trujillo explica que deben desarrollarse durante todo el curso de la enfermedad y requieren un enfoque integral que incluya áreas como psicología, nutrición y rehabilitación. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de pacientes, familias y cuidadores, por lo que constituyen un tema de prevención, acompañamiento, cuidado y salud pública.
La situación en México es preocupante. En mayo de 2026, El Colegio Nacional señaló que la atención paliativa es “un reto pendiente que refleja desigualdades estructurales en salud”. Según Salazar Trujillo, menos del 2% de los pacientes con enfermedad avanzada y menos del 10% de quienes están en fase terminal reciben este tipo de atención.
Además, existe una fuerte desigualdad en el acceso. En 2022 se registraron 208 servicios de cuidados paliativos en el país, pero solo 19 estaban en el primer nivel de atención y 26 tenían enfoque pediátrico. También existen brechas importantes en zonas rurales, marginadas y de mayor pobreza, así como dificultades para acceder a medicamentos esenciales para controlar el dolor. Esto significa que el lugar donde una persona vive, la institución a la que pertenece y sus recursos económicos pueden determinar la calidad de atención que recibe al final de su vida.
A esto se suma la falta de preparación del sistema sanitario. Una investigación publicada en 2025, con la participación de 1,538 trabajadores de la salud, identificó como principales barreras la falta de servicios especializados en zonas rurales y suburbanas, la escasa formación del personal, la carencia de medicamentos, la atención fragmentada y la insuficiente asignación de recursos. Los investigadores concluyeron que “los avances logrados resultan insuficientes para revertir el déficit existente”.
México ya reconoce jurídicamente la importancia de estos cuidados. La Ley General de Salud contempla los cuidados paliativos y reconoce derechos relacionados con la atención integral, el trato digno, el control del dolor y la atención paliativa. Sin embargo, reconocer un derecho en la ley no significa garantizarlo en la práctica. El problema es la enorme distancia entre reconocer un derecho y hacerlo accesible para toda la población.
Esta realidad obliga a cuestionar cómo estamos respondiendo al sufrimiento al final de la vida. Cuando una persona enfrenta un dolor extremo, la primera pregunta no debería ser cómo poner fin a su vida, sino qué hicimos como sociedad para evitar que llegara a sufrir de esa manera. Ante el dolor debería haber atención médica; ante la angustia, acompañamiento psicológico; ante la soledad, compañía; ante la sobrecarga familiar, apoyo; y ante una enfermedad incurable, cuidados paliativos. Ante el sufrimiento debería existir una red de cuidado, no el abandono.
Por eso resulta profundamente preocupante que la muerte pueda plantearse como una respuesta al sufrimiento cuando México todavía no garantiza algo tan básico como los cuidados necesarios para enfrentarlo. No es lo mismo acompañar a una persona para que muera sin dolor que permitir que la falta de atención, medicamentos y apoyo convierta su sufrimiento en una razón para querer morir. Antes de hablar de la muerte como solución, debería garantizarse que ninguna persona llegue a ella sintiendo que no tiene otra alternativa.
La desigualdad hace esta realidad todavía más injusta. Mientras una persona con recursos puede acceder a especialistas, medicamentos, atención domiciliaria y acompañamiento, otra puede enfrentar una enfermedad terminal sin servicios cercanos, sin medicamentos suficientes y con una familia que debe asumir sola el cuidado. La dignidad no debería depender del dinero ni del lugar donde una persona nació. Y el abandono tampoco termina en el paciente: El Colegio Nacional señala que el 95% de los cuidadores son mujeres mayores de 50 años con una enfermedad crónica que no reciben apoyo ni soporte por el cuidado.
Esto revela la gravedad del problema: cuando el Estado no garantiza una red de cuidados, el sufrimiento no desaparece; simplemente se traslada al paciente y a su familia. Y una sociedad que permite que una persona llegue al final de su vida sin alivio, sin acompañamiento y sin los cuidados que necesita, no puede considerar que ha garantizado realmente su dignidad.
México tiene una deuda mucho más inmediata: garantizar que los cuidados paliativos sean suficientes, accesibles y equitativos; formar profesionales especializados; asegurar medicamentos para controlar el dolor; fortalecer la atención domiciliaria asi como el primer nivel de atención; ofrecer apoyo a las familias que se convierten en cuidadoras. No basta con que la ley reconozca el derecho a una atención digna si ese derecho no puede ejercerse en la realidad.
Antes de ofrecer la muerte como una salida frente al sufrimiento, México debería asegurarse de que ninguna persona llegue a desearla porque el Estado no fue capaz de ofrecerle otra forma de vivir sus últimos momentos. Los cuidados paliativos representan precisamente esa otra respuesta: no buscan negar la muerte, sino acompañar a la persona hacia ella sin abandonar su humanidad. Porque aunque una enfermedad ya no pueda curarse, la persona sigue necesitando atención, compañía, alivio y dignidad.
El gran pendiente de México, entonces, no debería ser decidir qué hacer con la muerte, sino decidir qué hará con las personas que están llegando a ella. Porque garantizar una muerte digna no comienza con la posibilidad de morir, sino con la responsabilidad de garantizar que nadie tenga que enfrentar la muerte sin cuidado, sin alivio y sin dignidad.
Referencias
El Colegio Nacional. (2026, 20 de mayo). La atención paliativa en México es un reto pendiente que refleja desigualdades estructurales en salud: Nayeli Salazar Trujillo. El Colegio Nacional — fuente original
Guevara-López, U., Fraga-Gil, S., Prieto-Duarte, M. L., Campos-Hernández, A., Ramos-Guerrero, J., Córdova-Domínguez, J. A., & Matos-Patrón, I. (2025). Barreras y facilitadores para el acceso a cuidados paliativos en México. Perspectiva de los trabajadores de la salud. Revista Mexicana de Anestesiología, 48(1), 8–15. DOI: 10.35366/118361
Secretaría de Gobernación. (2008). Ley General de Salud: disposiciones en materia de cuidados paliativos. Diario Oficial de la Federación.
